
La historia del reguetón mexicano es una de muchas luchas, de muchos estigmas disipados a través del tiempo y de muchas virtudes que lograron posicionarlo como una de las músicas latinoamericanas más auténticas de los últimos veinte años. Sin embargo, como en toda otra historia de luchas, también es una expresión que se ha visto viciada por una constante conformista de la que pocos han salido librados. “Hace falta dar ese ejemplo de que podemos hacer las cosas bien”, comenta el cantante, el poder hacer las cosas bien no es grabar la canción y al otro día publicarla. Es pensar bien las cosas y definirlas, porque somos un ejemplo para un chingo de público y para las nuevas generaciones de artistas”.

Pareciera que la ambición de El Malilla como proyecto musical y de Fernando como persona va más allá de los éxitos con los que ha logrado cosas tan grandes como ser el primer artista de reguetón mexicano cantando en Coachella y más allá de esa personalidad que lo ha llevado a convertirse en uno de los rostros más queridos de un público ávido de referencias. La continuación de Ñerostars, un disco en forma en el que se encuentra trabajando actualmente, que describe como “hermoso y muy lindo” y el que le ha exigido una formación mucho más seria y una ampliación de sus horizontes. En el disco vienen corridos bien hechos, porque ya también uno sabe que esto es un negocio. Viene pop, vienen afrobeats, vienen reguetones bonitos, vienen unos perreos súper oscuros que te hacen preguntar si el que está cantando es El Malilla”.

Su cruzada no termina ahí, como uno de los artistas que ha encontrado un lugar privilegiado en la industria musical a partir de su éxito, carga con una responsabilidad que le es difícil ignorar. Para Fernando su posición es el punto de partida para revitalizar el género. Hace unos meses presentó en forma, otro de sus proyectos: La Esquina Inc., una sociedad que nació hace algunos años como la idea de ser un semillero de nuevos talentos, de personajes con historias de vida y virtudes similares a las suyas. “Porque hoy somos lo que somos, pero antes no conocíamos el negocio, no conocíamos absolutamente nada, solamente teníamos el hambre y las ganas de hacer esto”. Apoyamos talentos exclusivamente de barrios del Estado de México, porque cuando nosotros comenzamos era muy difícil costear un estudio, era muy difícil buscar un buen productor y era muy difícil tener el apadrinamiento de un artista grande. La idea surgió hace tres años, pero no se puso el plan desde el día uno porque no iba a funcionar, entonces tuvimos que esperar hasta que El Malilla fuera un negocio que resultara y también tuvimos que conocer a los miembros activos de la compañía, porque la esquina es familia”. Se trata de desarrollar artistas a partir de una afronta a la industria musical y sus reglas que sorprendentemente siguen vigentes después de siglos, una noble labor que encuentra su símil en algo como La Vendición Records que Yung Beef puso en marcha en España hace una década. Es como una mafia italiana, por el hecho de que también a mí me interesa conocer a sus mamás, a sus papás, a sus familias, a sus amigos y a sus círculos cercanos, para saber con qué tipo de gente estoy tratando”.










