
La gira promocional de El diablo viste a la moda 2 ha sido mucho más que presentaciones: se ha convertido en un recorrido estilístico donde Anne Hathaway ha sabido fusionar su propia elegancia con la evolución de su personaje, Andy Sachs. Desde el inicio en la Ciudad de México, la actriz envió un mensaje claro con una sudadera azul cerúleo con la palabra «cerúleo» impresa, un homenaje directo a la escena icónica de la primera película donde Miranda Priestly explica la historia del color en la industria de la moda. Esta elección no fue casual: es un ejemplo perfecto del «method dressing», donde la ropa cuenta una parte de la historia.

Cada aparición ha mostrado una cuidadosa selección de diseños que combinan referencias clásicas con tendencias actuales. En eventos como la visita a la Casa Azul, optó por un conjunto negro de Schiaparelli con nappines, botones joya y falda a lápiz con flecos, que mezclaba rigor y movimiento. En las premieres, sorprendió con piezas impactantes: un mini vestido rojo de lentejuelas de Stella McCartney con botas altas que recordaba a los estilos del 2006, o un diseño de Valentino Alta Costura con volantes en Tokio. En el estreno mundial en Nueva York, deslumbró con un vestido rojo de Louis Vuitton, de satén estructurado, corsé definido y falda voluminosa, acompañado de joyas de Bulgari, evocando la sofisticación de la vieja escuela y cerrando el círculo con el color que ya lució hace veinte años.

Detrás de cada look hay una conexión profunda con el personaje: Andy ya no es la chica ingenua de la primera entrega, sino una mujer segura, profesional y con identidad propia. Su estilo en la alfombra roja refleja esa madurez: siluetas definidas, materiales de alta calidad y detalles que remiten a la moda de autor, pero sin perder la naturalidad que la caracteriza. Hathaway logra así que cada atuendo no solo sea hermoso, sino que también cuente la historia de quién es Andy ahora, convirtiendo cada paso en la alfombra roja en una continuación de su viaje en pantalla.










