
Bad Bunny se convirtió en el primer artista latino y de habla hispana en encabezar como solista el show de medio tiempo del Super Bowl, durante la final entre los New England Patriots y los Seattle Seahawks. Antes de su presentación, Charlie Puth cantó el himno nacional, Brandi Carlile interpretó America the Beautiful y Green Day abrió el evento. El mensaje central del show fue la unión, y el cantante puertorriqueño transformó el estadio en una fiesta multicultural que honró la cultura migrante.

El espectáculo, que duró poco más de 15 minutos, contó con un diseño escénico inspirado en diversos aspectos de la cultura latinoamericana y caribeña. Destacó «la casita», un espacio icónico de sus conciertos que recreó una calle inspirada en Nueva York y Puerto Rico, además de un laberinto que mostraba profesiones de migrantes como vendedores, albañiles y maquillistas. Bad Bunny interpretó sus mayores éxitos, entre ellos Titi me preguntó, Yo perreo sola, Safaera y Party. Durante Voy a llevarte a PR, incluso se cayó dentro de «la casita», un momento que generó emoción entre los fans. Los invitados especiales incluyeron a Ricky Martin, con quien cantó Lo que pasó en Hawai y un mix de éxitos como Baile inolvidable y Debí tirar más fotos. Aunque Lady Gaga no participó en el escenario, había alabado previamente la importancia del show para la comunidad latina.

El impacto del espectáculo fue aún mayor considerando el contexto de la carrera de Bad Bunny, quien en 2026 había ganado el Grammy al Álbum del Año, un logro histórico para un artista de habla hispana. Sus declaraciones en los premios, en las que criticó las políticas de ICE y defendió los derechos de los inmigrantes, dieron profundidad al mensaje del show. Además de los invitados en el escenario, la casita contó con la presencia de varios famosos que disfrutaron del espectáculo junto al público, aunque no se han revelado todos los nombres. El show fue transmitido en todo el mundo, consolidando a Bad Bunny como un referente global de la música latina.










