Hablar de México en los Juegos Olímpicos de Invierno todavía provoca sorpresa, curiosidad y, para muchos, una ceja levantada. Pero rumbo a Milano-Cortina 2026, el deporte invernal mexicano vuelve a hacerse presente con una delegación que no solo compite contra el cronómetro, la gravedad o el hielo, sino también contra la idea preconcebida de que el invierno no nos pertenece. Desde la elegancia del patinaje artístico hasta la resistencia silenciosa del esquí de fondo, estos atletas representan una narrativa distinta: la del esfuerzo constante, la migración deportiva y el orgullo de portar la bandera tricolor en escenarios poco habituales.

El nombre más reconocido es, sin duda, Donovan Carrillo, quien cambió para siempre la conversación sobre el patinaje artístico en México. Su histórica participación en Beijing 2022, donde se convirtió en el primer mexicano en clasificar a una final olímpica en esta disciplina, marcó un antes y un después. Desde entonces, Donovan ha consolidado una carrera internacional basada en disciplina, expresividad y resiliencia, entrenando fuera del país ante la falta de infraestructura local. Más allá de los resultados, Carrillo se ha convertido en un símbolo cultural: el atleta que patina con identidad, emoción y una narrativa profundamente humana.
En las pistas alpinas, Sarah Schleper aporta experiencia olímpica y una historia poco convencional. Nacida en Estados Unidos, con pasado como esquiadora olímpica para ese país, Schleper decidió representar a México por sus raíces familiares, demostrando que la identidad también se construye desde la elección. Su trayectoria incluye múltiples Copas del Mundo y Juegos Olímpicos previos, lo que la convierte en una figura clave para el equipo mexicano, no solo por su nivel competitivo, sino por el conocimiento y la visibilidad que aporta a un deporte aún emergente en el país.

Junto a ella compite Lasse Gaxiola, una de las promesas jóvenes del esquí alpino mexicano. Su carrera se ha desarrollado principalmente en circuitos internacionales juveniles y universitarios, donde ha ido sumando experiencia en un entorno altamente competitivo. Gaxiola representa a una nueva generación que entiende el alto rendimiento como un proyecto a largo plazo, con entrenamiento constante en el extranjero y una clara meta olímpica que combina ambición y paciencia.

En el esquí de fondo, una disciplina que exige resistencia física y mental casi ascética, destacan Allan Corona y Regina Martínez. Ambos han construido sus trayectorias lejos del reflector mediático, compitiendo en eventos clasificatorios internacionales y acumulando puntos para asegurar su presencia olímpica. Su mérito radica en la constancia: entrenar para una disciplina sin tradición nacional, con recursos limitados y bajo condiciones climáticas ajenas a la mayoría del territorio mexicano. Su participación habla de compromiso puro y de una pasión que no necesita aplausos inmediatos.

La presencia de estos atletas en Milano-Cortina 2026 no solo amplía el mapa deportivo de México, también invita a repensar qué significa representar a un país en el deporte global. No se trata únicamente de medallas, sino de abrir camino, de existir en espacios donde antes no había referentes. En un mundo cada vez más híbrido y diverso, estos atletas encarnan una versión contemporánea del olimpismo mexicano: uno que se atreve, que insiste y que entiende que el frío también puede pintarse de verde, blanco y rojo.









