En plena temporada baja, cuando el turismo en Puerto Rico suele disminuir y muchos comercios enfrentan una caída en la actividad, Bad Bunny le dio un giro inesperado al panorama económico de la isla. Con su serie de 30 conciertos titulada “No me quiero ir de aquí”, el artista no solo llenó el Coliseo de Puerto Rico noche tras noche, sino que atrajo a más de 200 mil turistas, generando un movimiento sin precedentes en hoteles, restaurantes y comercios locales. La derrama económica se estima en más de 200 millones de dólares, convirtiendo esta residencia musical en uno de los eventos culturales más rentables en la historia reciente del país.

Según Discover Puerto Rico y otros estudios, se observa un aumento de 174 % en las reservas de hospedaje a corto plazo durante agosto (y 200 % en septiembre) respecto al año anterior. Solo en una plataforma como Airbnb se evidenció un crecimiento similar, apuntando a un claro aumento en la demanda de alojamientos alternativos . Además, las búsquedas de vuelos a la isla aumentaron un 12 %, reflejando el efecto inmediato de la residencia.

El impacto se traduce en más de 3 600 empleos temporales generados en sectores como turismo, producción y servicios, así como un impulso directo al PIB local —con un aumento de 0,15 puntos porcentuales— según Moody’s. Más aún, $36 millones llegaron directamente a las arcas gubernamentales, con otros $2,3 millones a nivel municipal por concepto de impuestos, según nueve estructuras oficiales.

Culturalmente, el evento ha sido una plataforma para visibilizar aspectos sociales delicados: la gentrificación, la escasez de vivienda, y la presión sobre alojamientos tradicionales. Bad Bunny priorizó la venta de boletos a residentes en las primeras nueve fechas, evitando la especulación y asegurando que los puertorriqueños fueran el foco principal. Al mismo tiempo, se promocionaron rutas turísticas sostenibles, negocios locales, y experiencias culturales auténticas apoyadas por Discover Puerto Rico.
El Alcalde de San Juan informa que, además del impacto financiero, se implementaron actividades complementarias —como clases de bomba y plena, ferias artesanales, eventos al aire libre— parte del plan “De aquí pa’l mundo” que busca potenciar la experiencia turística general. Asimismo, marcas como Visa, Mastercard y Aerolíneas JetBlue aprovecharon el momento como patrocinadores, ofreciendo beneficios adicionales a los visitantes y dinamizando el entorno comercial .

En resumen, la residencia “No me quiero ir de aquí” ha sido más que una serie de conciertos: ha redefinido cómo Puerto Rico puede dinamizar su economía en temporada baja mediante un evento cultural de gran escala. Entre visitantes, empleos, impacto fiscal y visibilidad internacional, el fenómeno impulsado por Bad Bunny presenta un modelo sostenible que mezcla arte, turismo y activación social para un renacer económico duradero.









