Vincent van Gogh nació el 30 de marzo de 1853 en Zundert, Países Bajos, en el seno de una familia de clase media. Su vida estuvo marcada por una personalidad intensa, una sensibilidad artística fuera de lo común y episodios recurrentes de problemas de salud mental. Aunque en su juventud trabajó como marchante de arte y tuvo periodos de búsqueda espiritual, no comenzó a dedicarse de lleno a la pintura hasta los 27 años. A lo largo de su corta vida —murió a los 37—, produjo más de 2,000 obras, incluyendo alrededor de 860 óleos, en un periodo de apenas una década.

Su trayectoria artística pasó por varias etapas: los primeros años en Países Bajos, con tonos oscuros y temática campesina influenciada por artistas como Jean-François Millet; su estancia en París (1886–1888), donde el impresionismo y el puntillismo ampliaron su paleta a colores más vivos; y su etapa en Arlés y Saint-Rémy, donde alcanzó su estilo más reconocible: pinceladas vigorosas, colores vibrantes y una fuerza expresiva que plasmaba su mundo interior. En Arlés soñó con una “comunidad de artistas” junto a Paul Gauguin, pero su relación terminó en conflicto, en el episodio que llevó a Van Gogh a cortarse parte de la oreja.

Entre sus obras más icónicas se encuentran La noche estrellada (1889), pintada durante su estancia en el asilo de Saint-Rémy; Los girasoles (1888), símbolo de alegría y vitalidad; El dormitorio en Arlés; Los comedores de patatas; y sus innumerables autorretratos, donde exploró su propia identidad y estado emocional. Aunque en vida solo vendió una obra (El viñedo rojo), su producción artística sentó las bases del expresionismo y transformó para siempre la historia del arte.

Van Gogh murió el 29 de julio de 1890 en Auvers-sur-Oise, Francia, a causa de una herida de bala que la mayoría de los historiadores considera autoinfligida. Fue enterrado junto a su hermano Theo, quien fue su mayor apoyo emocional y financiero. Tras su muerte, Theo falleció pocos meses después, y la viuda de este, Johanna van Gogh-Bonger, se dedicó a difundir y preservar su obra, organizando exposiciones y publicando las cartas de Vincent, lo que impulsó su reconocimiento póstumo.
Hoy, más de 130 años después, la influencia de Van Gogh sigue intacta. Su arte inspira películas, novelas, canciones y exposiciones que atraen a millones de visitantes cada año. Museos como el Van Gogh Museum en Ámsterdam y el Musée d’Orsay en París conservan gran parte de su legado. Además, las experiencias inmersivas que recrean sus pinturas con proyecciones 360° han acercado su obra a nuevas generaciones, confirmando que, aunque en vida se sintió incomprendido, hoy Vincent van Gogh es uno de los artistas más admirados y queridos del mundo.









