
Después de la gira El Último Concierto con Soda Stereo en 1997, el mundo esperaba con atención el próximo movimiento de Gustavo Cerati. La disolución de la banda había dejado un vacío en la música latinoamericana, y todos los ojos se posaban sobre su vocalista y principal compositor. Dos años más tarde, Bocanada llegaba como una afirmación artística poderosa: Cerati no solo podía sostener una carrera en solitario, sino que podía reinventarse por completo.
Lanzado el 28 de junio de 1999 bajo el sello BMG, Bocanada fue grabado entre Buenos Aires y Londres, mezclado en los estudios Abbey Road, y producido por el propio Cerati. La propuesta musical rompía con las estructuras del rock tradicional que había cultivado con Soda Stereo, para sumergirse en atmósferas trip hop, electrónica, psicodelia y barroquismo sonoro. Era un disco desafiante, denso, poético, y a la vez profundamente accesible.

Desde el inicio con “Tabú”, pasando por la monumental “Puente” —que se convirtió en uno de sus himnos más celebrados—, hasta piezas más experimentales como “Paseo inmoral” o “Raíz”, Bocanada fue una exploración sonora y lírica. Cerati encontró en la programación, los samplers y los arreglos orquestales, nuevas formas de narrar lo íntimo, lo abstracto y lo sensual. En canciones como “Verbo Carne”, el artista despliega una sensibilidad casi mística, mientras que en “Engaña” o “Beautiful” muestra su lado más lúdico y oscuro. La instrumentación —a cargo de músicos como Flavius Etcheto y Leo García, además de la Orquesta de Cuerdas de Londres— fue crucial para lograr el carácter cinematográfico del álbum.
Con Bocanada, Gustavo Cerati consolidó su perfil como un verdadero alquimista musical. La crítica lo recibió como una de las obras más ambiciosas del rock iberoamericano. No se trataba solo de un álbum solista: era la fundación de una nueva etapa artística, una declaración de independencia y de búsqueda. El disco fue también una síntesis de la obsesión de Cerati por el sonido: la producción fue meticulosa, cada efecto y cada capa de sonido parecían calculados con una sensibilidad milimétrica. Y al mismo tiempo, había espacio para la improvisación, para lo etéreo, para dejarse llevar por el pulso de lo desconocido.

A 26 años de su lanzamiento, Bocanada sigue siendo un disco de culto y un punto de referencia obligatorio para músicos y melómanos. Muchos artistas posteriores, tanto en Argentina como en toda Latinoamérica, han reconocido su influencia. El álbum no envejece: se transforma con cada escucha, como un organismo vivo que respira en los parlantes. El legado de Bocanada está en su capacidad de abrir caminos y desafiar categorías. No es solo un disco de rock, ni de electrónica, ni de pop: es un universo propio, una experiencia sensorial que anticipó muchos de los movimientos estéticos del siglo XXI en la música en español.
Bocanada marcó el inicio de una etapa en la que Gustavo Cerati se permitió volar más libre, más profundo, más lejos. En sus palabras, era un “aire nuevo”. Hoy, a 26 años de distancia, ese aire sigue siendo necesario y vital. Como en “Puente”, seguimos cruzando al otro lado, guiados por su voz y su visión: “Gracias por venir / gracias por venir”.










