Texto y Fotos: Gilbert Díaz
Andrea Nataren Ruíz es una chiapaneca que se destaca por su capacidad de transformar la realidad y crear nuevos mundos, espacios de exploración y expresión.
Su formación en el teatro inicia desde los nueve años, en distintos talleres de artes escénicas en centros culturales de nuestro estado y en la Ciudad de México en el Centro de Arte Dramático de Héctor Azar, G, Martell: College of Music and Audio.
Ha complementado su formación en “Performing Arts” por la Universidad de California Berkeley en Nueva York; “Dirección Teatral” por el maestro Alejandro Bichir; «Producción Teatral» con Jimena Saltiel y se especializó en “Marketing de Espectáculos” e “Inversiones y Patrocinios” en Xperience Makers.
Se ha formado como actriz con Conchi León, Víctor Kruper (Asociación Nacional de Actores, ANDA), José Manuel Poncelis y Jef Johnson, por mencionar algunos.
Andrea es una persona que se encuentra dentro del espectro autista, a menudo, la comunicación verbal y la interacción social se convierten en desafíos, pero en el teatro encontró un lenguaje alternativo, un espacio donde la emoción, la creatividad y la imaginación pueden fluir libremente.
El escenario es su lugar seguro para expresar emociones, explorar diferentes roles y conectar con el público a través de la interpretación, la naturaleza visual y sensorial del teatro, la posibilidad de trabajar con el cuerpo y el movimiento, y la estructura de la historia, brindan herramientas para la comunicación no verbal y la comprensión de las emociones.
Su desempeño en escena consta de alrededor de 10 puestas en escena, entre ellas una beca del Instituto Nacional de Bellas Artes para el festival “Otras Latitudes” y una participación como ensamble vocal en el Best Concert de G Martell en el Teatro Metropolitan.
Las actividades como la improvisación, la interpretación de personajes, el trabajo en equipo y la creación de escenografías, fomentan la creatividad, el desarrollo de la imaginación, la concentración, además, el teatro puede ayudar a las personas neuro divergentes a mejorar su coordinación, su lenguaje corporal y su capacidad de interacción social.
Es importante destacar que el teatro no es una “cura” para el autismo, sino una herramienta que puede ayudar a las personas con este espectro a desarrollar sus habilidades, fortalecer su autoestima y encontrar su voz.
Actualmente Andrea estudia una Maestría en Teatro y Artes Escénicas por parte de la Universidad de la Rioja, da clases de expresión corporal y manejo escénico, brinda asesorías de negocios, producción y marketing para artistas, canta covers con un enfoque feminista en pro de la salud mental y hace activismo por las personas adultas autistas.
En un mundo que a menudo excluye a las personas con autismo, el teatro se presenta como un espacio de inclusión, donde la diversidad es celebrada y donde cada individuo tiene la oportunidad de brillar con su propia luz.
Es hora de abrir las cortinas y darles la bienvenida a las personas dentro del espectro autista en el escenario, para que puedan compartir su talento, su sensibilidad y su visión única del mundo, tal como lo hace Andrea, la teatrera.
















