
Este color debe su nombre y origen a Wallis Simpson, la duquesa de Windsor, quien lo hizo famoso en 1937 el día de su boda con Eduardo VIII de Inglaterra. Diseñado especialmente para ella por el modisto Mainbocher, se eligió porque combinaba a la perfección con el tono de sus ojos y se convirtió en el protagonista absoluto de su vestido de novia. Se trata de un azul claro, suave y elegante, que desde ese momento dejó de ser solo un color para convertirse en un símbolo ligado a una de las historias de amor más comentadas del siglo XX.

Popularidad y permanencia en la moda
Desde su aparición, el azul Wallis se consolidó como un tono icónico que ha perdurado en el tiempo. Fue muy solicitado en las décadas siguientes por su aire sofisticado y discreto, ideal para vestidos de noche, trajes de día y accesorios de lujo. Hoy en día sigue siendo una referencia en la industria: aparece en colecciones de diseñadores, en telas de alta costura y en propuestas de moda accesible, manteniendo su reputación de ser un color que transmite distinción, elegancia y una conexión especial con la historia de la moda.








