
Nacido en 1967 en la sucursal de Cartier en Londres, este modelo surgió de una historia que se volvió leyenda: se dice que un cliente llevó su reloj Baignoire, deformado por el calor intenso tras un accidente automovilístico, y los diseñadores quedaron fascinados con esa silueta irregular. Inspirados también en el surrealismo y las formas «derretidas» de las obras de Salvador Dalí, decidieron transformar ese percance en un diseño propio, creando una pieza que rompía con la simetría y la geometría clásica que definían a la marca hasta ese momento. Desde su nacimiento, fue una producción muy limitada, pensada para un público reducido y exclusivo, lo que ya le dio un aire de rareza y distinción desde sus primeros años.

Su diseño es inconfundible: una caja asimétrica, curva y deformada, donde incluso la esfera y los números romanos se adaptan a esa forma fluida y sin reglas, con la corona desplazada de su posición habitual. Tras su primera aparición, el modelo desapareció de las colecciones durante décadas, lo que aumentó su mito, hasta que fue reeditado en 1991, luego en 2015 y más recientemente en 2026, siempre bajo la línea Cartier Privé, dedicada exclusivamente a piezas históricas y de edición limitada. Cada versión se fabrica con materiales preciosos como oro, platino o incrustaciones de diamantes, y con una elaboración casi artesanal que hace que cada unidad sea única y difícil de conseguir.

Con el paso del tiempo, el Crash pasó de ser una curiosidad vanguardista a convertirse en uno de los objetos más deseados por coleccionistas y amantes de la alta relojería. Su combinación de historia, arte y escasez lo ha llevado a alcanzar cifras récord en subastas internacionales, donde ejemplares antiguos o ediciones especiales se venden por valores muy superiores a su precio original. No es solo un reloj, sino una pieza de arte y un símbolo de la creatividad de Cartier, representando la capacidad de la marca de ir más allá de lo convencional. Para quienes lo buscan, poseer un Crash no es solo tener un accesorio, sino formar parte de una historia única y de un selecto grupo que valora lo excepcional.









