Ayer, el cierre del Baja Beach Fest en Rosarito terminó siendo más show que música: cuando Natanael Cano empezaba su presentación—justo estrenando su álbum Porque la demora—hubo problemas técnicos y sonidos extraños que sacaron de quicio al cantante. Lo que pintaba como un cierre épico se transformó en un deja-vu de pelea improvisada: Cano encaró al DJ, pero la cosa escaló rápido. No solo soltó un puñetazo, también corrió y le estampó la laptop contra el suelo. Sí, rompió la carrera del DJ por completo.

Después del altercado, el cantante regresó al escenario con sus nudillos lastimados, como si fuera un trofeo del combate. Algunos del público lo ovacionaron, otros se quedaron boquiabiertos; y también hubo gente que lo abucheó por pasarse de lanza. Ese momento se volvió icónico: “esto fue en vivo, soy fuerte, mis fans me apoyan”, algo así.Ahora, ¿qué onda con eso? Hay quienes lo defienden, diciendo que fue un arranque de “descontrol creativo” y que la presión del show, el estreno del álbum y el público ardido justifican un estallido. Pero otros aseguran que esto no debería sumarte fans sino restarte bytes de buena imagen, sobre todo sabiendo que, como famoso, tiene seguridad y cierta inmunidad que otros no tendrían.

No solo fue el golpe, sino que Cano dejó al DJ sin medio de trabajo: no hubo solo un despido, fue una destrucción total del equipo. El DJ quedó en ceros, sin laptop, sin set listo, en medio del festival. O sea… ¿eso es parte del show o simplemente un exceso que raya en lo humillante?
Y aquí viene lo pesado: Natanael Cano es ídolo para miles de jóvenes. Muchos ven cada locura que hace y la interiorizan como “cool”, impulsiva, “pa’ qué pensar”. ¿Qué mensaje les manda cuando legitima la violencia como solución a un problema técnico? Que pueden “flexear” sin consecuencias, porque, claro, hay seguridad que los respalda. Y eso es un combo súper tóxico si no se critica con claridad.









