La pasarela de Victoria’s Secret vuelve a fijar su cita anual: el 15 de octubre de 2025 en Nueva York, en una edición que mezcla nombres históricos de la marca con artistas contemporáneos que buscan conectar con audiencias globales. Tras su relanzamiento en 2024, la firma continúa en la tarea de reposicionar el show como un evento cultural más incluyente y mediático.

Musicalmente, la noche estará liderada por un cuarteto femenino que abarca géneros y mercados: Missy Elliott, Karol G, Madison Beer y el grupo de K-pop TWICE. La alineación subraya la apuesta por variedad sonora y por atraer públicos internacionales —desde el rap icónico de Missy Elliott hasta la explosión latina de Karol G y la legión global de TWICE—, lo que convierte la pasarela en una especie de “superbowl” musical de la lencería.

En cuanto a las modelos, Victoria’s Secret confirmó a una mezcla de estrellas veteranas y caras contemporáneas: Adriana Lima, Lily Aldridge, Joan Smalls, Anok Yai, Alex Consani y Yumi Nu (entre otras ya anunciadas). La marca ha destacado el regreso de ex-Angels y la inclusión de modelos de distintos cuerpos, edades y orígenes como parte de su narrativa renovada. Estas confirmaciones llegaron acompañadas de la expectativa de más nombres por anunciar durante las semanas previas al show.

Más allá del brillo y la música, lo más relevante este año es la intención explícita de Victoria’s Secret por consolidar una versión del espectáculo más diversa y relevante culturalmente: desde la selección de artistas femeninas y multilingües hasta la curaduría de modelos que representan distintos cuerpos y trayectorias. Esa apuesta busca reparar la percepción pública que dañó la marca años atrás y conectar con audiencias jóvenes y multiculturales.

El evento podrá seguirse en plataformas de streaming internacionales (las ediciones recientes se transmitieron en servicios como Prime Video, YouTube y redes sociales) y promete clips virales, colaboraciones en backstage y contenidos exclusivos. Más allá del espectáculo en sí, esta edición se lee como una prueba de fuego para medir si la marca puede mantener la relevancia combinando nostalgia (ángeles icónicos) y novedades (line-up musical y diversidad).









