Tulum atraviesa una caída notable en la llegada de turistas: datos y reportes recientes hablan de ocupaciones que en verano y en algunos meses llegaron apenas al 30% en la zona costera y aún menos en la zona centro, con una reducción en vuelos y afluencia que ha prendido las alarmas del sector.
¿Por qué sucede esto? Las causas son varias y se combinan. El arribo masivo de sargazo en playa (y la percepción de playas sucias o con mal olor) ha sido una razón recurrente por la que visitantes cancelan o eligen otros destinos; además se suman los precios elevados (alojamiento, tours y consumo mínimo en beach clubs), las tarifas y restricciones de acceso a algunos tramos de playa, y problemas de servicio y percepción de calidad. A eso se añade la sobreexplotación y crecimiento acelerado del destino —que ha generado congestión y desgaste de infraestructura— y episodios puntuales de inseguridad que afectan la percepción turística.
Las repercusiones económicas son inmediatas: hoteles semivacíos, cierres temporales y permanentes de restaurantes y comercios, reducción de jornadas laborales y despidos, y regreso de trabajadores a sus lugares de origen. También baja la derrama económica local (transporte, guías, proveedores) y hay efectos en la cadena productiva regional (menos vuelos directos, menor ocupación en aeropuertos cercanos). Para comerciantes y prestadores de servicios la temporada se siente como una de las peores de la década.
¿Qué dicen la gente y las autoridades? Comerciantes y líderes locales han expresado preocupación e incluso disculpas públicas por no poder ofrecer la afluencia habitual; funcionarios municipales y de ZOFEMAT han reportado esfuerzos de limpieza y coordinación para mitigar el sargazo y recuperar playas, mientras expertos y activistas reclaman soluciones estructurales: regulación del desarrollo, control de tarifas y un modelo turístico más sostenible. En redes y medios locales hay mezcla de frustración (por la pérdida de ingresos) y demanda de cambios (por el sobrecrecimiento que dejó a la comunidad vulnerable).
Mirando hacia adelante, la salida pasa por acciones conjuntas: políticas públicas que regulen el uso del litoral y la expansión hotelera, mecanismos reales para manejo del sargazo y limpieza constante, estrategias para recuperar la confianza del turista (precios razonables, transparencia en cobros y mejor servicio) y la diversificación de la oferta (resaltar cenotes, cultura local y experiencias fuera de la franja costera). Sin cambios claros en la gestión y en el modelo de turismo, la recuperación será más lenta y el impacto social —empleo y equidad— seguirá siendo el gran desafío.









