El teatro que transforma al espectador en protagonista
Texto y fotos: César Wesche
El miedo, cuando se convierte en arte, también puede ser una experiencia capaz de reunir a generaciones enteras. Así lo demostró “La Dama de Negro”, uno de los montajes de terror más emblemáticos y exitosos en la historia del teatro mexicano, que después de 32 años ininterrumpidos en cartelera llegó a Tuxtla Gutiérrez para estremecer al público chiapaneco, en dos funciones que quedarán en la memoria de quienes se atrevieron a vivir la experiencia.
Bajo la dirección y participación de Rafael Perrín, acompañado en escena por Benjamín Rivero, esta puesta en escena basada en el clásico de terror británico de Susan Hill volvió a demostrar por qué ha conquistado a miles de espectadores a lo largo de más de tres décadas.
La historia transportó al público hasta la Inglaterra de principios del siglo XX, donde una presencia marcada por el dolor, la tragedia y la venganza continúa sembrando terror. Una mujer consumida por una profunda herida del pasado se convierte en el espíritu que mantiene atrapado a un pequeño pueblo y a varias generaciones de familias que nunca pudieron escapar de sus consecuencias.
Pero uno de los grandes aciertos del montaje es que nadie permanece completamente ajeno a la historia. En “La Dama de Negro”, el público no solamente observa: se convierte, voluntaria o involuntariamente, en parte de la experiencia, enfrentando sus propios nervios y descubriendo que el verdadero miedo puede surgir cuando la imaginación encuentra un espacio para hacerse realidad.
La presencia escénica de Rafael Perrín, reconocido como uno de los grandes referentes del teatro de terror en México, y Benjamín Rivero, contribuyó a mantener la tensión y el misterio durante una representación en la que cada silencio, sonido y movimiento adquirió un significado especial.
Sin embargo, detrás de los actores que reciben los aplausos existe también un ejército de personas cuya labor pocas veces alcanza los reflectores.
Al concluir la función, Rafael Perrín dedicó un reconocimiento especial a todo el equipo de producción, técnicos, personal detrás del escenario y a cada integrante que hace posible que la historia cobre vida noche tras noche. Un gesto que recuerda que el teatro no es únicamente el talento de quienes aparecen sobre el escenario, sino el resultado de la suma de voluntades, oficios, disciplina, creatividad y pasión.
Porque detrás de cada aplauso hay manos que trabajan en silencio.
Detrás de cada función existe una comunidad de artistas y trabajadores que hacen posible que el público pueda reír, emocionarse, reflexionar… o, como ocurrió con “La Dama de Negro”, sentir miedo.
Perrín también expresó su cariño por Chiapas y por el público chiapaneco, al que reconoció por la calidez con la que siempre ha recibido su trabajo. Como muestra de ese vínculo, adelantó su intención de regresar próximamente a tierras chiapanecas con nuevos proyectos, posiblemente durante el mes de noviembre.
Después de 32 años, “La Dama de Negro” demuestra que el teatro continúa teniendo una fuerza que ninguna pantalla puede sustituir: la posibilidad de compartir una historia en el mismo espacio, respirar el mismo silencio y reaccionar juntos ante lo inesperado.













































