Texto y fotos: César Wesche
La nostalgia tiene un sonido, y en esta ocasión se escuchó con fuerza sobre el escenario gracias a “Mentiras, el concierto”, creación de José Manuel López Velarde. Una puesta en escena que no solo revive la música de los años dorados, sino que también despierta recuerdos y emociones que parecían dormidos en el tiempo.
Con un despliegue de humor, energía y talento, el espectáculo reunió nuevamente a cuatro personajes entrañables: Daniela, Dulce, Lupita y Yuri, quienes desde los primeros acordes transportaron al público a aquella década en la que las letras de amor, desamor y secretos eran el eco de toda una generación.
El misterio de Emmanuel, ese hombre que solo supo dejar mentiras a su paso, funcionó como el hilo invisible que unió las canciones, permitiendo que cada tema se transformara en una pieza de memoria compartida. Al sonar “Él me mintió”, “De mí enamórate”, “Toda la vida” o “Pobre secretaria”, no eran solo voces sobre un escenario: eran recuerdos encarnados, heridas abiertas y cicatrices cantadas como propias por un público completamente entregado.
Más que un concierto, fue un reencuentro con el alma de los años ochenta. La música brilló como una joya rescatada del tiempo, recordándonos que esas melodías, lejos de envejecer, se han vuelto eternas.
Después de 16 años de versiones, giras y éxitos, “Mentiras” continúa siendo un espejo donde mirarnos. En cada verso hay una historia que alguna vez vivimos; en cada coro, un secreto que aún sabemos de memoria.
Y al final, cuando las luces se apagaron y el eco de las voces quedó suspendido en el aire, todos comprendimos lo mismo: hay canciones que no mueren, porque pertenecen a lo más íntimo de nuestra historia.
Esa noche, por un instante, los 80 regresaron para quedarse en el corazón.
































































