La última colección de Schiaparelli para Otoño/Invierno 2026 dejó claro que la casa parisina sigue cultivando su ADN surrealista. Bajo la dirección creativa de Daniel Roseberry, el desfile presentado en el Carrousel du Louvre recuperó el espíritu irreverente que definió a su fundadora, Elsa Schiaparelli: moda que juega con lo extraño, lo anatómico y lo inesperado. Entre trajes estructurados, textiles experimentales y accesorios escultóricos, un detalle se robó todas las miradas: unos kitten heels con la cabeza de un gato en la punta.

El gesto fue casi un chiste conceptual llevado al extremo. En moda, el término “kitten heels” describe un tacón bajo y delicado, pero Roseberry decidió tomarlo literalmente. El resultado fueron zapatos con pequeñas cabezas felinas esculpidas en la punta, con colmillos visibles y expresiones casi caricaturescas. A primera vista parecen pumps clásicos; de cerca, el surrealismo aparece con fuerza. Es una estrategia muy Schiaparelli: jugar con el lenguaje visual y convertir una expresión cotidiana en un objeto absurdo, teatral y provocador.
Los tacones forman parte de una línea de accesorios que explora criaturas híbridas y elementos anatómicos, una constante en la estética de la maison desde los años treinta. Según información compartida durante el lanzamiento, las cabezas de gato fueron modeladas en resina y recubiertas con texturas tipo fieltro, creando una mezcla entre escultura y objeto de moda. El contraste entre la silueta elegante del zapato y el detalle casi surrealista del animal refuerza el tipo de ironía visual que siempre ha definido a la casa.

El resto de la colección mantuvo ese mismo tono experimental. Roseberry presentó prendas que parecían salidas de una galería de arte: tejidos que imitaban piel o escamas pintadas, tops construidos con cintas magnéticas y CDs triturados, y accesorios igualmente extravagantes, como bolsos apoyados sobre patas de pollo o tacones con caras esculpidas en metal. El desfile también fue un guiño nostálgico al pasado de la moda parisina: el Carrousel du Louvre, icónico escenario de pasarelas en los años noventa, volvió a convertirse en pista de desfile.
La recepción fue exactamente lo que suele provocar Schiaparelli: mezcla de fascinación y desconcierto. En redes sociales y foros de moda, algunos espectadores celebraron la audacia y el humor del diseño, mientras otros reaccionaron con incomodidad o incredulidad ante el realismo de las cabezas felinas. Un usuario comentaba que los zapatos parecían “demasiado realistas”, mientras otro simplemente los llamó “gloriosos”. Esa polarización, en realidad, es parte del éxito: Schiaparelli siempre ha prosperado en la frontera entre arte, moda y provocación.

Por ahora, la casa no ha confirmado si estos kitten heels felinos llegarán directamente a las boutiques o si permanecerán como piezas conceptuales dentro de la colección. En el universo Schiaparelli, esa ambigüedad es habitual: muchas de sus creaciones funcionan tanto como producto de lujo como objeto artístico. Y quizá ahí radica el encanto. En un panorama de moda saturado de tendencias previsibles, Roseberry demuestra que a veces basta con tomar una expresión al pie de la letra para recordar que la moda, antes que nada, también puede ser un juego surrealista.









